Historia

    El origen de la práctica del polo no ha sido definido al día de hoy. Se piensa que fue jugado por primera vez por guerreros nómadas del Asia Central, quienes lo denominaron chovgan, hace más de dos mil años, pese a que el primer registro histórico de su juego data recién del siglo VI a.e.c, cuando persas y turcomanos disputaron un encuentro entre sí. La práctica del polo, por entonces, tenía el objetivo de entrenar a los jinetes de las unidades de caballería. Particularmente en Persia, hoy Irán, obtuvo el carácter de deporte nacional, siendo allí precisamente donde este deporte comenzó a ser asociado con la nobleza y realeza, tras ser practicado por la clase alta, la clase militar y, sobre todo, por la familia real.

El juego fue formalizado y se extendió al oeste a Constantinopla, y al este al Tíbet, China y Japón, y en el sur a Pakistán y la India. De esta expansión resulta el actual nombre con que se le conoce, el cual deriva de «pulu», que significa pelota en idioma tibetano.

El polo también se convirtió en un pasatiempo de la realeza en aquellas civilizaciones. En China, por ejemplo, la introducción de esta práctica se debió posiblemente a que la nobleza iraní buscaba asilo luego de la invasión de su imperio por parte de los árabes, recibiendo asilo en las tierras orientales. De este modo, el deporte rápidamente se convirtió en parte de la vida cotidiana durante la era dorada de la cultura clásica china, especialmente bajo el mandato de Ming-Hung, amante de las actividades ecuestres.

Varios siglos más tarde, el polo entró en contacto con occidentales, siendo Manipur, un estado en el nordeste de la India, el epicentro de dicho roce, momento en el que ingleses residentes allí, producto de la agroindustria del té, aprendieron la costumbre local de jugar al polo con caballos y elefantes, fundando el Silchar Polo Club en 1859. Es entonces cuando, de acuerdo a registros históricos, un representante del gobierno británico que se estableció en dicha localidad, escribió una reseña del deporte, lo cual contribuyó a su difusión en Inglaterra, de manera tal que el polo aterrizó finalmente en las islas británicas, celebrándose un primer encuentro en Hounslow Heath, en 1869.

Aquellos entusiastas ingleses, difundirían posteriormente el polo al resto del mundo occidental, llegando a Malta en 1868, a Irlanda en 1870, a Argentina en 1872, a Australia en 1874 y a Estados Unidos en 1876. 

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